Nuestra tierra arhuaca - Leonor Zalabata

Leonor zalabata

NIWI UMUKE

Nuestra tierra, en la tradición Arhuaca.

Autor: Leonor Zalabata

 

“En el universo Arhuaco el territorio es un símbolo, cuyo contenido invoca nuestra identidad, sabiduría, conocimientos sobre diferentes sistemas vivos y no vivos, y técnicas para el uso del suelo, agua, plantas y animales” 

 

CONTROL SOBRE EL TERRITORIO, LA BIODIVERSIDAD Y LAS INVESTIGACIONES EN TERRITORIOS INDÍGENAS DE LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA. 

La característica central de la ecorregión de la Sierra Nevada de Santa Marta, es ser... una montaña aislada, separada de la cadena de los Andes que recorre Colombia. Alcanza una altitud de 5.684 metros a sólo 46 kilómetros de la costa caribe; la Sierra Nevada es la cumbre costera más alta del mundo y abarca un área de unos 12.600 kilómetros cuadrados (el 60% del área total de la ecorregión). Gracias a su variabilidad altitudinal, como a su localización, ubicada a 11 grados de latitud norte, la Sierra Nevada contiene un mosaico de biomas de trascendencia global,  (posee casi todas las zonas climáticas que pueden darse en la América tropical).



PUEBLOS INDÍGENAS: ARHUACOS, KOGUI, KANKUAMO Y WIWAS.

La civilización Tairona estaba bien establecida y desarrollada mucho antes de la llegada de los españoles a las costas de Santa Marta en el año de 1.502.  Estaba integrada por pueblos que practicaban una agricultura altamente extensiva, y se movían entre las diferentes altitudes desde el nivel del mar hasta las tierras altas de acuerdo con un calendario ritual, que les permitía tener gran variedad de productos. La Conquista destruyó gran parte de esta civilización indígena y obligó a los pueblos que quedaron a sobrevivir solamente en las áreas más altas de la Sierra, lo que rompió con el equilibrio del sistema productivo. 

 

Los indígenas vivimos en relativo aislamiento hasta que varias oleadas de migración a finales del siglo XX trajeron colonos a los territorios indígenas tradicionales, y nos alejaron progresivamente de las partes más cálidas cercanas a la costa. Esta situación ha afectado no sólo nuestros niveles de vida, sino también nuestro equilibrio ambiental, social y espiritual como pueblo indígena.  


Los pueblos indígenas tradicionales mantenemos en general un uso adecuado de los recursos naturales con base en nuestro conocimiento particular de la calidad del suelo, del clima y de los ecosistemas. Sin embargo, la producción mercantil ha ido en aumento en algunas áreas, principalmente la ganadería y el cultivo del café y ha dado lugar a cambios en los enfoques rituales tradicionales del uso de la tierra.  


NUESTRA ORGANIZACIÓN

Los pueblos indígenas de la Sierra, debido al mantenimiento de nuestra cohesión social y valores tradicionales, hemos sobrevivido quinientos años de violencia social. El poder moral y espiritual del grupo sobre los factores económicos y sociales ha sido una fortaleza. Más recientemente, bajo las presiones de la vida moderna, cada grupo étnico ha desarrollado una organización política que se encarga de manejar las relaciones con el mundo exterior, incluyendo al gobierno, las ONG y otras organizaciones sociales. Actualmente hay cuatro organizadas: (i) Los Arhuacos, en la Confederación Indígena Tayrona (CIT); (ii) Los Koguis, Arhuacos y Wiwas en la Organización Gonawindua Tayrona;  (iii)  Los Wiwas en la Organización Wiwa Yugunaiun Bunkwanarwa Tayrona; y (iv) Los Kankuamos en la Organización Indígena Kankuama. En noviembre de 1999, los Cabildos Gobernadores de las cuatro organizaciones indígenas acordaron establecer el Consejo Territorial de Cabildos, CTC, en busca de consolidar un cuerpo unificado para hablar a una voz con el gobierno y con las organizaciones exteriores sobre asuntos que les concierne a ellos. Este es un gran logro.   

 



asentamiento arhuaco

LA NOCIÓN DE TERRITORIO

En el mundo Arhuaco pensar o hablar del territorio nos remite a la Ley de Origen, la cual explica la razón y existencia de nuestro pueblo, así como el tipo de relación que tenemos con la naturaleza que rodea a nuestras etnias y al resto de pueblos del mundo. En el universo Arhuaco el territorio es un símbolo, cuyo contenido invoca nuestra identidad, sabiduría, conocimientos sobre diferentes sistemas vivos y no vivos, y técnicas para el uso del suelo, agua, plantas y animales. El territorio invoca también nuestra historia y el cambio y movilidad al que nos enfrentamos para garantizar nuestra continuidad y supervivencia. Los Arhuacos y Arhuacas somos uno con nuestro territorio y nuestra cultura tiene raíz en su definición.

  

La noción no indígena de territorio, definido, según un criterio físico, como una extensión de tierra habitada y demarcada por fronteras naturales o políticas, difiere de lo que nosotros pensamos y sentimos frente al territorio que día a día habitamos y día a día, al mismo tiempo, nos habita. En un pacto sagrado, que refrendamos Arhuacos y Arhuacas en compañía de los Mamus, mantenemos vivo el territorio para garantizar una identidad cultural propia, así como nuestras autoridades tradicionales, cosmovisión y usos y costumbres. Al garantizar nuestro territorio garantizamos la vida. Lejos de pensar que el territorio se reduce a su dimensión física y a sus recursos naturales, los Arhuacos, como pueblo, sabemos que éste tiene significados tan importantes y diversos como los medios de subsistencia.

 

El territorio es también identidad cultural y vida política y económica. El territorio nos garantiza el ser Arhuacos en todos los ámbitos sociales, para poder pensar y nombrar el mundo a nuestro modo.

  

Desde el punto de vista Arhuaco, la integralidad del territorio se palpa al pensar en el significado que guarda la Sierra Nevada de Santa Marta, nuestro territorio ancestral. Al pensar en la Sierra Nevada se piensa en la vida. No solo en su vida física y naturalmente diversa, la Sierra nos contiene a Arhuacos y Arhuacas. Sus atributos y espacios simbolizan cada órgano y sistema que en nuestros cuerpos son vitales. Es así como los ríos proporcionan el necesario y vital recurso del agua y representan las venas de nuestro cuerpo; los árboles y sus frutos garantizan el pancoger diario y a su vez representan los montes, las montañas, los hombres, los nevados y los lugares sagrados en donde descansan los espíritus de nuestros padres y madres; el subsuelo representa los huesos de la tierra, necesarios para mantener el espíritu del equilibrio. No existe elemento que se encuentre en nuestro cuerpo que no esté en la tierra. Como ejemplo: Cuando me enfermo, para curarme curo la tierra, por eso cuando está enferma la tierra me enferma a mí, cuando está sana la tierra, estoy sana también.  

 

De igual manera, los animales que cohabitan en nuestro territorio tienen un lugar especial en nuestra cosmovisión. No están allí sólo para ofrecer beneficios materiales. Sabemos de su necesaria presencia para guardar el equilibrio entre los demás sistemas vivos que tenemos la responsabilidad de guardar y mantener. A través de una interacción respetuosa, su vida y la nuestra se conjugan y se retroalimentan. Por el canto de las aves sabemos de nuestras sorpresas, alegrías, tristezas, o de la presencia de algunas personas; hay insectos que nos anuncian entierros o donde se va a hacer la sepultura de alguien que va a morir; el grillo nos anuncia las enfermedades, la ausencia o el próximo abandono de los dueños de la casa. En fin, el intercambio y cohabitación con los de- más seres de la naturaleza nos permite convivir a personas y animales.

 

Gracias al territorio, las autoridades políticas de nuestro pueblo subsisten y contribuyen a la regeneración permanente de nuestra cultura. Nuestros Mamus viven y hacen vivir la Sierra, y la Sierra hace vivir a los Mamus. Sus conocimientos íntimos sobre la vida y sus necesidades materiales y espirituales han cumplido una función histórica a lo largo del tiempo desde que Serankua creó el universo. Cada Mamu instruye, cuida, y ejerce su autoridad en la comunidad, haciendo siempre el adecuado balance para la reproducción de la vida colectiva. Su mayor riqueza, los conocimientos otorgados por su territorio, les permite dar sentido a su actividad social, pedagógica y de justicia. Cada Mamu conoce en detalle todos los aspectos vitales como son la vida de la gente de la comunidad, el  agua, el suelo, los animales, las plantas, la luna, las estrellas, los truenos, el colorido de las nubes, el reconocimiento de gente de otras culturas, etc., que dan sentido a sus prácticas sagradas y a la dirección por él impartida al resto de la comunidad. De no ser por la íntima relación que nuestros Mamus mantienen con el territorio, no solo su sabiduría se esfumaría, también lo haría un pueblo y su complejo cultural, necesario para garantizar la vida del territorio y sus funciones esenciales. Es que hay una estrecha relación entre la autoridad, los Mamus y el territorio; no son posibles el uno sin el otro…  

Para el pueblo Arhuaco y sus autoridades, la Sierra Nevada es su hogar y cada organismo vivo y no vivo, tiene una función reproductora de nuestro pueblo, una función biológica, cultural, política o económica. Por esta razón pensamos que la idea de territorio debe ser concebida y escuchada desde una visión más amplia e integral donde se incluyan otras dimensiones propias de cualquier pueblo del mundo. 

 

La Sierra Nevada, territorio que hemos heredado y mantenido desde la Ley de Origen en contra de adversidades históricas, nos ha dado la vida y nos ha representado milenariamente. Nuestro hogar ha sido llamado por la sociedad mayoritaria de diferentes formas, que representan figuras jurídicas y territoriales ajenas a nuestra cultura. Los resguardos, reservas y la figura del cabildo impuesta desde la Colonia, aun persisten y cumplen funciones legales. Estas figuras, que responden a intereses políticos y económicos de sociedades que no han considerado nuestra igualdad y diferencia, han sido acogidas por nuestros pueblos y sabiamente utilizadas para defender nuestra cultura. Hemos generado a lo largo de la historia y el conflicto varios mecanismos de reproducción que, pacíficamente, nos han garantizado la vida.  

 

Sin utilizar nunca un medio violento y sólo valiéndonos de nuestra sabiduría, constancia, tradición, dignidad, valentía y respeto a nuestros mayores, hemos defendido nuestra cultura, nuestro territorio.  

 

Una de las principales formas de subsistencia cultural de los Arhuacos ha sido garantizar históricamente un gobierno tradicional con bases culturales. En acciones coordinadas de gobierno, el cabildo actúa con base en los derechos establecidos legalmente y en las decisiones de los Mamus de la comunidad, quienes colaboran con funciones administrativas, de justicia, mantenimiento ambiental, de salud, de producción y de relación con otras culturas.  

Esta forma de gobierno ha permitido, también, el cambio cultural mediante el cual hemos integrado y asimilado diferentes prácticas ajenas a nosotros. La medicina no indígena y las técnicas externas de cultivo son ejemplos que ilustran este aspecto. Estas prácticas, aunque difieren de nuestro entorno cultural, son hoy aceptadas por nosotros y resimbolizadas de tal manera que permiten a nuestro pueblo beneficiarse de ellas sin que sean factor de desintegración. Por otra parte, las prácticas organizativas colectivas también han contribuido a nuestra subsistencia.  

 

Las luchas políticas de nuestros líderes y la permanencia y esfuerzo de nuestro pueblo por mantenernos del lado de la identidad propia, hoy permiten que sigamos de pie, defendiendo un destino para nosotros y para nuestros hijos; una vida digna, equitativa y justa para el pueblo Arhuaco.   



arhuacos en nabusimake

CONCEPTO TRADICIONAL DE LA UBICACIÓN

Al principio de los tiempos, Kaku Serankua creó la tierra, la hizo fértil y la estimó como esposa. Cuatro y cuatro hilos de oro que se entrecruzan y se apoyan en los cuatro puntos cardinales sostienen el mundo; la Intersección de estos ocho hilos forma el corazón del mundo que es la Sierra Nevada, donde habita Kaku Serankua y vela por su creación. Este territorio está delimitado por la Línea Negra. Así como creó el mundo, Kaku Serankua creó las aguas que, como las venas por las que corre la sangre de los hombres, alimentan la tierra. Creó también las estrellas, el sol y la luna. Al crear los seres vivientes, dictó leyes a todos los hombres: blancos, amarillos, rojos y negros, cuyos colores son los mismos que tienen las cuatro capas de la tierra: Bunekän: La tierra blanca; Minekän: La tierra amarilla; Gunnekän: La tierra roja; Seinekän: La tierra negra.  


Estas leyes están representadas en las ciencias de los Mamu, transmitidas desde la antigüedad de generación en generación. La sabiduría de los Mamu está puesta al servicio de los hombres: conocen y controlan las enfermedades, las lluvias, los veranos, y todos los fenómenos de la naturaleza en beneficio de los hombres. Según las enseñanzas de kaku Serankua, la naturaleza es nuestra Madre, y como tal ha de ser respetada, así como sus leyes. Las relaciones entre todos los hombres deben ser de comprensión, justicia e igualdad. Así era siempre, así lo hemos visto siempre, al respetarnos unos a otros y al seguir las enseñanzas de nuestro padre.  

Sin embargo el bunachu (el blanco), desconoce todo esto, ha atacado a sus hermanos Iku y nos ha despojado de la Línea Negra; se ha apartado de la madre naturaleza y ha utilizado su ciencia para destruirla; se ha apartado de sus semejantes, no respeta sus propios hermanos y dicta leyes en su contra; los despoja de su tierra y los persigue. Si el blanco continúa empeñado en vivir así, se autodestruirá. Desde el momento que apareció el blanco, su ambición ha sido desposeernos de nuestra tierra y privarnos de nuestras verdaderas leyes tradicionales y creencias para imponernos las suyas.  


El tiempo pasa y a pesar de las promesas del hombre blanco, todo sigue igual y aún peor. Por eso nos hemos convencido de que debemos ser nosotros mismos quienes dirijamos nuestros destinos. Desde hace varios años nos viene prometiendo que será respetada la tierra de nuestros mayores y que nos será devuelto lo que se nos ha arrebatado; pero hoy es el día en que aún no se ha hecho nada. Nosotros debemos recuperar la tierra que nos dejó Kaku Serankua, pues es nuestra madre, que nos da la vida y alimento y que ha sido profanada e irrespetada por el blanco.   


Debemos recuperar nuestra tierra porque de ella dependemos para vivir, porque es sagrada y en ella los Mamu mantienen el orden del universo, la igualdad y la vida de todos los hombres.  

Por eso ya no creemos en las leyes del blanco, ya no esperamos nada de él; todo lo que nos ha dado ha sido engaños y falsas promesas; nos considera menores de edad, pisotea nuestros derechos y sólo se acuerda de nosotros cuando nos necesita, para que votemos por unos políticos que, a pesar de prometer mucho, aún no han cumplido nada.  


El blanco ha introducido en nuestra sociedad su modo de pensar, que no es bueno, ya que hace que algunos de nosotros lleguemos hasta avergonzarnos de ser indígenas, de ser raíz de todo, a sentir vergüenza de algo que debe ser nuestro mayor orgullo. Nos ha creado necesidades extrañas, nos ha hecho apartarnos poco a poco de nuestra tradición y de nuestra antigua forma de producir lo necesario para subsistir. Muchos Iku que han sido engañados por falsas promesas de “progreso” e “integración”, se han apartado de sus hermanos, se han vendido a políticos y a terratenientes que “buscan el bien para nosotros” y, además, han querido vender a sus propios hermanos. Pero nosotros, los Iku tradicionales, hemos comprendido que cuando el blanco habla de “progreso” e “integración”, significa miseria y despojo para nosotros, porque en esa integración los indígenas no tenemos ninguna participación, porque no se nos oye, ni se nos ha permitido ser quienes decidamos cuál es el camino que hemos de seguir, porque “integrarnos” a la sociedad del blanco es perder todo lo que es nuestro.  


Tampoco se ha respetado nuestro gobierno interno. Así como nosotros hemos respetado siempre el gobierno nacional, exigimos que éste haga lo mismo con nuestro gobierno. Que las disposiciones del gobierno colombiano, con respecto a nosotros, sean conocidas por toda la comunidad para ser aceptadas o rechazadas. Que nuestras autoridades internas sólo puedan ser nombradas por nosotros mismos, según la tradición. Que la autorización para que cualquier persona que no sea miembro de la comunidad entre a nuestra tierra, sea consultada con nosotros. No queremos que vengan más blancos a profanar nuestros lugares sagrados, a vernos como atracción turística y a trabajar aquí sin nuestro consentimiento.  


Nosotros siempre hemos querido vivir en paz, como lo enseña nuestra tradición. Hemos esperado siempre que los blancos, nuestros hermanos menores, se acuerden de nosotros y ayuden a solucionar nuestros problemas. Pero han pasado muchos años y todo lo que ellos han hablado ha sido engaños.   

 



LOS TERRITORIOS TRASLAPADOS

Las áreas naturales protegidas de la Sierra Nevada se establecieron en 1959, mediante la Ley 2 que declaró una gran parte de la Sierra como reserva forestal. En 1964, se crearon dos parques nacionales que representan el 20% del área de la ecorregión y el 34% del área de las tierras altas. El Parque Nacional Sierra Nevada comprende actualmente 383.000 hectáreas (incluyendo el área añadida en 1977) y se extiende desde el nivel del mar hasta los picos Colón y Bolívar, a más de 4.500 metros de altura. El Parque Nacional Tayrona tiene 15.000 hectáreas que incluyen una línea costera de 55 kilómetros.   


La oficina nacional de la Unidad Administrativa Especial de Parques Nacionales (la Unidad de Parques) del Ministerio del Medio Ambiente tiene a su cargo el manejo de ambos parques.   De acuerdo con los decretos que crearon ambos parques, no se permite ninguna actividad económica dentro de sus límites (Decreto Ley 2811 de 1974); bajo el Artículo 67 de la Ley 160 de 1994, también está prohibida la titulación de tierras dentro de los parques y una zona de amortiguamiento de cinco kilómetros. Sin embargo, esta restricción no aplica para los indígenas, cuya forma de vida es considerada compatible con los parques nacionales (Artículo 7 del Decreto Reglamentario 622 de 1977). 

 

Los principales resguardos indígenas se traslapan casi completamente con los parques nacionales. Sin embargo esto no ha sido una gran fuente de conflicto porque legalmente los parques nacionales y los resguardos Indígenas son compatibles, y porque en la práctica, los indígenas de la Sierra han estado manejando esas tierras, en parte debido a los recursos limitados de la Unidad de Parques y porque se reconoce que el manejo indígena puede contribuir a la conservación. No obstante, ha habido tensiones crecientes sobre quién es la máxima autoridad y qué es lo mejor para manejar estos extensos territorios.  


En mayo de 1999, la Unidad de Parques y la organización Indígena Gonawindua Tairona acordaron iniciar un proceso para preparar un plan de manejo colaborativo para el Parque Nacional y su resguardo. Este proceso culminó, en una primera fase, en noviembre de 1999, con la presentación de un documento que resumía los acuerdos hechos por la Unidad de Parques y la organización indígena Gonawindua Tairona, con relación a los principios que guiarían la preparación del plan de manejo, en el cual es fundamental el respeto por el conocimiento y la cultura indígena. Más tarde, en una reunión en Valledupar, las otras tres organizaciones de la Sierra, avalaron estos principios y estuvieron de acuerdo en unirse al proceso de preparación del plan de manejo para los territorios traslapados.  


NUESTRA PROPUESTA TERRITORIAL

Años de trabajo y experiencia en la lucha por una vida indígena digna y justa, nos ha llevado a propuestas políticas que hoy, después de más de diez años de expedida la Constitución Nacional, aún buscamos consolidar. Hija de largos y duros procesos de concertación con las distintas autoridades de los diferentes pueblos, esta propuesta significa salvaguardar la diversidad cultural y la vida de más de un millón de indígenas que hoy no contamos con las condiciones necesarias para nuestro propio desarrollo y el de nuestras culturas. La Constitución Nacional, nos reconoció, después de 500 años, nuestro derecho a tener territorios propios, autoridades propias, lenguas propias, sistemas de educación propios y vivir bajo nuestros usos y costumbres. El pueblo colombiano aceptó jurídicamente la existencia de la diferencia y de los derechos que como pueblos tenemos y debemos ejercer responsablemente.

Este reconocimiento, que toda democracia debe tener para con los valores indígenas, refleja un proceso de concertación pacífica que necesita ser formalizado y materializado.  


Los territorios indígenas que llevamos proponiendo por más de diez años, contienen la definición que defendemos hoy de territorio holístico, ya que contemplan todos los aspectos que van más allá de la demarcación geográfica.  

Por territorio entendemos al hombre en la naturaleza y a la naturaleza en el hombre, con límites definidos como el cuerpo humano.  


La creación de nuestros territorios nos permitirá garantizar al mundo indígena y no indígena colombiano, condiciones de igualdad y la vida de la diferencia.   

 

LEONOR ZALABATA TORRES

“NUESTRA TIERRA, EN LA TRADICIÓN ARHUACA” REVISTA NÚMERO 19  HTTP://WWW.SEMILLAS.ORG.CO/ARTICULOS.HTM?X=15096 


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